• Marcelo Ducart

Admiración, conocimiento y pasión

La admiración es como la chispa que enciende el entusiasmo por el conocimiento de lo verdadero

Todo lo grande que admiramos comienza algún día siendo pequeño

La admiración es uno de los modos más potentes desde donde surge el conocimiento. Admirar algo o alguien es dejarnos entusiasmar por su luminosidad.

proveniente de alguien o algo que nos Fascinación, atracción, sorpresa. Algo que nos conmueve por su singularidad, agudeza, creatividad. Un estímulo para la acción.

¿Quién no ha sentido admiración en su vida? En el momento menos pensado nos atrapa. Nos sentimos encandilados por exceso de luz aunque felices porque algo logra encender nuestra mirada. Brota a la vista de algún encanto, provoca el deseo de imitación y ¿por qué no? de superación. También puede provocar envidia, pero esa es otra historia.



Admiramos una figura deportiva o política por su lucidez, un libro por su claridad, una persona por su carisma. También nos sorprenden las maravillas naturales y en general todo lo que se tutea con lo sublime, por tenebroso, como una tormenta en alta mar, o por inaccesible, como el infinito matemático.

La admiración bien entendida no es pasiva, quisiera estar a la altura del objeto anhelado o la persona admirada. Rehúye del desprecio, la envidia o la indiferencia. Se deja llevar por el reconocimiento de lo real y los talentos que encuentra en su camino como una actitud de justicia. La admiración nos sorprende por la novedad de lo que irrumpe como original y fascinante.

Y para finalizar, se podría aventurar que es posible admirar sin amar, pero imposible amar sin admirar. El amor, como una lámpara votiva, requiere del fuego que reavive su llama. Si se deja de admirar, se deja de amar.

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