• Marcelo Ducart

¡OJO POR OJO...! y nos quedamos sin VER…

Reflexión espiritual para tiempos revueltos y violentos


La misericordia combate la violencia con la misteriosa fuerza de un alma pacificada

Frente a un mundo violento, la ley de la venganza es sabrosa a los ojos, pero termina enfermando el corazón. Seca por dentro y endurece por fuera. Lo opuesto no es menos dañino. ¡Quién quiere hacerse el ángel se convierte en bestia! Cuando reprimimos sin más nuestra agresividad y negamos en nosotros lo malo que aflora desde nuestra piel, nos exponemos a males mayores. Lobos disfrazados de ovejas que terminan escandalizando la esperanza.


El Evangelio de este domingo (Lucas 6, 27-38), el maestro Jesús deja un pedido enigmático y "casi" imposible. –“No le hagan frente al que les hace daño. Amen a sus enemigos y rueguen por sus perseguidores, devuelvan bien por mal…” Nada de eso se podría hacer si el mismo Dios no viniera a habitar en nosotros. Sin vida espiritual y oración fecunda, a lo sumo seremos personajes de telenovelas. La bondad y el perdón son tan contrarios a la naturaleza que gusta coquetear con el la ira y el orgullo, que por más que insista, no pasará de buenas intenciones.


Por eso, desear el bien con sinceridad en vez de maldecir, rezar en secreto antes de intentar combatir, ofrecer nuestro mejor esfuerzo antes de apoderarnos de la gloria ajena, no es algo que puede surgir de nosotros, es puro regalo de Dios. Paciencia, que todo llega para el que sabe esperar con fe el abrazo del Padre que nos ama…

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