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  • Marcelo Ducart

¿Qué me enseña el fútbol...?

Fútbol, sociedad y educación

Una cancha de fútbol se puede convertir en una inmensa aula poblada de personajes deseosos de aprender a disfrutar del juego de vivir. Acelera y visibiliza como en un laboratorio o una sala de ensayo, los procesos que se muchas veces se invisibilizan en una sociedad. Es una muestra, una biopsia del "tejido" que nos hace ser lo que somos. Biología y biografía, naturaleza y cultura salen a la cancha en cada partido. Pero, ¿Qué suele mostrarnos el fútbol sobre nuestra realidad, sobre la situación social que vivimos y nos identifica? El informe nos pinta tal cual somos en carne viva. Es como un espejo que nos devuelve la propia imagen y una ventana para adentrarnos en las profundidades de nuestro ser nacional. Entre muchísimas virtudes encontramos también uno de los capítulos más paradójicos y por lo mismo, plagado de contradicciones. Eso que se suele llamar la argentinidad "al palo", la sociedad tribunera. Es una energía que habita en la clandestinidad de nuestra conciencia pero opera los controles de nuestra emoción colectiva. Opera como uno de los estereotipos culturales entre los que mejor se retrata nuestra ciclotimia cultural: ¡héroes o villanos! No hay términos medios, no hay valoración del camino; se reduce la belleza a blanco y negro, sin ser capaces de percibir la infinitud de colores y combinaciones. No solemos encontrar demasiadas motivaciones para sostener los procesos y decisiones asumidas. La palabra empeñada y la idea consensuada son como una veleta en la feria del mejor postor. La cotidianeidad, lo normal de cada día donde se construyen las paredes del mañana, se viven como instancias prescindibles y aburridas; peligrosamente capaces de sumergirnos en la depresión de la repitencia y la mediocridad. Queremos vivir cada segundo en los "extremos", en la "excepcionalidad", narcotizados de novedades, sin poner demasiado cuidado en las personas y sus tiempos, en las normas y sus excepciones, en las formas y sus diferencias, en la disciplina y sus libertades... El trabajo de cada día sembrado con amor, paciencia, responsabilidad y respeto para llegar a nuestro destino nos sabe desabrido. Pero aún las derrotas, los fracasos y el error son fuentes insuperables cuando se asumen con espíritu constructivo. No por salir primero se llega más lejos...

Por eso, hoy más que nunca, el fútbol nos puede llevar a descubrir lo importante en lo accesorio. No para desechar ni censurar lo marginal. No para el enriquecimiento de algunos pocos pícaros que lucran con las ilusiones de la mayoría. Sino para devolver una experiencia cotidiana de construcción lúdica de proyectos colectivos sostenibles en el tiempo. Pero para ello, se necesita pasar del Yo al Tú, y del Tú al NOSOTROS. Y ese es necesariamente un tránsito ético-político de superación de las meras individualidades.

Marcelo

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